En el sexto volumen de los Ensayos de Unamuno, dice Ian Gibson en su biografía de Federico García Lorca, que hay varios pasajes en los que Unamuno insiste en la necesidad de ser sinceros y cita uno de su ensayo “Soledad”, donde trata de una “nueva edad” del espíritu imaginada por el pensador:
“La gran institución de aquella edad será la de la confesión pública, y entonces no habrá secretos. Nadie estimará malo el abrigar tal o cual deseo impuro, o el sentir este o el otro afecto poco caritativo, o el guardar una u otra mala intención, sino el callarlo. Y cuando eso llegue, y anden las almas desnudas, descubrirán los hombres que son mucho mejores de lo que se creían, y sentirán piedad los unos de los otros, y cada uno se perdonará a si mismo y perdonará luego a todos los demás.”
Va esto en contra de lo enseñado regularmente, el secreto de la confesión en la religión católica y la prevención del “que dirán”. Podrían las personas confesar amores secretos, decir verdades sin temores, eliminar miedos por sus pensamientos íntimos, conocerse y conocer mejor a los demás; aceptarse y aceptar al otro como son, no habría tapujos, habría más tranquilidad interior, mejores relaciones y menos crítica.
