Ningún extremo es conveniente; ni de derecha, ni de izquierda; ni capitalismo salvaje, ni comunismo totalitario. La historia, signada por las luchas de poder y los desastres de los extremos, enseña sus horrendas consecuencias.
Ni que el estado sostenga los campesinos, como zánganos, ni que el capital los explote como esclavos y en injustas condiciones.
Es nuestro deber contribuir a crear soluciones para mejorar la vida, no solo la nuestra (capitalismo) sino la de la sociedad (socialismo). En resumen, un capitalismo social.
